2 milenios después, Milenio3

15 Agosto, 2014  por  Redacción     No comments

encabmerida

Dos milenios, sangre y arena, se dice pronto, pero solo pensar en el tiempo que ha transcurrido y las miles de historias que habrán revoloteado a su alrededor me marea. ¡200! Décadas de sucesos, de gloria, de pena y de olvido, pero también de alegría, de reconciliación, de brillo y de grandeza, de orgullo por una identidad que, en parte, nos pertenece. Grandilocuencia.

¡Qué maravilloso lugar! El anfiteatro de Mérida resplandecía con un brillo de mercurio, cuando las últimas luces del atardecer daban paso a esa mágica franja de tiempo en la que pintores y fotógrafos afilan sus estiletes de realidad, para captar las imágenes más bonitas del día. La hora crepuscular.citaannais1

Allí permanecimos, inmóviles, en silencio, observando la densidad del evento que se cocinaba a nuestros pies, en tamaño maqueta desde la altura, subidos en las impresionantes lomas del anfiteatro, la luz cambiaba constantemente. Abajo, comenzaban a destellar los primeros focos del escenario, lo que íbamos a vivir allí no tenía comparación, no podía establecerse dentro de ningún adjetivo tangible. Era magia, incorpórea, acústica y conexión de almas.

El bullicio de los preparativos dio paso a un acelerado trajín de trabajadores, amigos y curiosos, que fue llenando poco a poco las dependencias del suelo y las gradas de tan singular recinto. Explorando, con miradas vivas y llenas de intriga y respeto; todos ocupaban sus lugares, el cámara, el técnico, el invitado, el público… cada uno conocía su labor y se disponía a pasar una velada única, era el 12º aniversario de un programa que ha supuesto un hito histórico en la radiodifusión española. Milenio3, capitaneado por la misma persona con la que permanecí unos instantes absorta en los asientos más altos del anfiteatro, observando en un silencio que señoreaba con dignidad sobre la panorámica elipse de la arena más sangrienta de todo el recinto patrimonio de la humanidad de Mérida.

Iker Jiménez

47B2128-1024x682Allí estuvo él, con Carmen Porter, subdirectora del programa y esposa, hasta el último momento, ajustado preparativos, codo con codo con sonido, con luces, dirección de video, como uno(s) más. Sin estridencias… es algo que me conmueve profundamente, con la sencillez de los grandes, como tantas veces han repetido en sus programas, refiriéndose a otros.

Con igual humildad, el equipo técnico se retiró por completo unos instantes, mientras el público comenzaba a tomar asiento y a disponerse para la sorpresa anunciada en antena, un “previo” especial que haría que entrásemos en situación de lo que viviríamos durante las casi cuatro horas posteriores de programación especial.

El silencio se hizo más denso aún, una brisa fresca mecía el rumor que la gente generaba, el nerviosismo se notaba, había muchas ganas de comenzar la experiencia. Y no defraudó.

Allí, frente a la abertura casi luciferina que servía, antaño, de marco para presentar a las fieras, bajo lo que, seguramente, fue luz dura del agosto emeritense, los milenarios: Unos, amigos de toda la vida, otros, recién presentados esa misma jornada, se quedaban expectantes. Algo había surgido dentro de sus corazones, yo misma pude conocer a personas con las que ya me une un vínculo que va más allá de la amistad, es el de compartir gustos, puntos de vista, sensaciones, ideologías sin politizar, experiencias e ilusiones. Aún resonaba en mí, el eco tremendo de recorrer las calles de la ciudad y ver en los ojos de la gente la gratitud y el nerviosismo al acercarse al equipo para conseguir una foto o un autógrafo, y que, siempre, era respondido con una amplia sonrisa y un tiempo precioso (casi parecía que íbamos de via-crucis procesional).

Allí coincidían personas de todos los lugares de España, familias completas, otros venidos en moto desde varios cientos de km, estudiantes que interrumpieron por un par de días sus estudios para la Selectividad o gente recién salida de algún tratamiento hospitalario… el ciclón milenario mueve con una pasión intangible a gente curiosa que busca respuesta más allá de los epílogos escritos, en la imaginación y el milagro de la vida.

A los pocos minutos, una ovación atronadora inunda todos los recovecos del anfiteatro, Iker y Carmen salieron a saludar, agradecidos, a todos los que allí se habían congregado, un respeto muto corrió del “escenario” a la grada e invadió a todos los que allí estábamos, como en una comunión con lo sagrado.

12 años de Milenio3:

Y llegó la sangre (cosmética)

La recreación de una lucha de gladiadores fue el aperitivo perfecto antes de empezar la emisión oficial de Milenio3. Una lucha encarnizada en la que se vieron tridentes, redes, martillos y polvo, dando gloria a aquel estrato social que peleaba por la vida en el antiguo albero del tiempo, donde también bestias y hombres se lanzaban en una lucha encarnizada, en un eco perdido en la Historia. Un viaje visual y musical que nos transportó a épocas eméritas, de trigo dorado por el sol y magnificencia imperial. Y es que fuimos grandes, y grande es el esplendor que aún desprende este lugar.citaannais2

De repente las luces se desplomaron, y suave y perfectamente modulada, una voz penetrante, rotunda y gloriosa comienza a planear, el silencio irrumpe de inmediato, aún reinante tras la aparición desasosegante de Caronte, y expande la potente onda sonora de Primitivo Rojas, a quienes muchos admiramos hace años, quien sirve en bandeja de plata, para allende los mares el programa de la noche, un Milenio3 único, irrepetible, sensacional.

La ovación fue, de nuevo estrepitosa, jaleada, casi iracunda. El júbilo de los que sabíamos que la Historia estaba escribiendo nuestra cita con letras de oro, no podíamos dejar de temblar o sollozar, algo muy dentro de nosotros nos decía, que dentro de un tiempo, se hablará de aquella noche y del privilegio de los que tuvimos la suerte de vivirlo en primera persona.

El Dragón

Como una tradición perdida en la noche de los tiempos, comenzó a sonar la mítica sintonía del programa, la gente se recolocaba en modo “comodidad” a pesar del frío que comenzaba a hacerse presente, los corazones se acompasaban con cada golpe de ritmo de Vangelis, el ritual daba comienzo. Estoicos aguantaron todos, ni una sola protesta, ni por el frío, ni por que yo me dedicase cada equis minutos, como un rabo de lagartija, a corretear de un lado para otro, trípode y teleobjetivo en mano para conseguir una panoplia de encuadres que me permitiesen mostrar el evento en toda su grandeza. Solo gratitud recogimos, hasta los que aguantaron hasta pasadas las cinco de la madrugada para obtener su premio, la fotografía o el autógrafo del equipo, de Carmen, de Santi, de Clara, Javi, Diego… de Iker.

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Y se sucedieron los aplausos, las risas, los momentos de atención expectante, las fotografías. Desde arriba, el programa parecía la exposición de un gran pedazo de miel, y alrededor, miles de luciérnagas que titilaban rondando su dulce realidad, imbuidas en una especie de danza chamánica que les hacía vibrar según el cariz que tomaba el programa.

Aproveché el transcurso del mismo para acercarme con mi cámara a varios puntos del anfiteatro, adelante, a los lados, desde arriba, desde atrás y fuera del recinto… Más allá de las murallas, la noche caía silenciosa, el bullicio del gentío pasaba inadvertido para el recinto histórico y solo se percibía un resplandor almibarado que inundaba ese cielo abierto cuajado de estrellas, digno del más exquisito Storaro. De fondo, se escuchaba el murmullo de las conversaciones y la música de Noel a modo de colchón, la sensación de tele-transportarme me hizo vislumbrar, en un flash, épocas remotas, y disfruté trepando, casi a gatas, a la espalda del anfiteatro para asomarme a su punto más alto y observar sentada, con atención, cómo transcurrían algunos de esos mágicos minutos. A mi alrededor no había nada, solo piedra y arena, algún arbusto, pero no había nadie, y aunque me sentí sola en la inmensidad de algún instante inconcreto, sabía que allí, en la última distancia focal de mi objetivo, estaba mi familia, la familia milenaria, era como sentirse en casa.citaannais3

Entonces, la Roma más misteriosa tomó forma, la naturaleza inexpugnable de Livia, los conjuros, los sortilegios, el esoterismo salvaje de la época, y la ritualística, que se encabalgó con los misterios de la Extremadura ancestral, mágica, atávica, secreta y desconocida. Una simbiosis que redondeaba una aproximación valiente a la parte más desconocida del ahora y del entonces. De facetas aparte de nuestra propia definición histórica y socio-cultural.

Todo un homenaje a una tierra que se ha rendido a una misión con coraje y cariño, la de albergar en sus rincones más preciados la iniciativa de un grupo de “locos”, de esos que ven mas allá de la realidad, por arrojar un poco de luz y posibilidades a la irrisoria supuesta realidad en la que vivimos…. El verano más largo de sus vidas ya va camino de una juventud radiante, llena de éxitos, en la que comparten experiencias de forma sencilla, directa, risueña y siempre con un potente mensaje de esperanza. De “almas buenas”.

Esa noche, Mérida reverdeció, como toda Extremadura, y cada uno de los hogares, coches, habitaciones, en los que el cariño honesto y comprometido de el equipo de Iker Jiménez traspasó fronteras y rasgó, con suma delicadeza, el hasta entonces imperturbable tejido del espacio-tiempo.

Gracias por permitirme ser partícipe de tan singular experiencia, ha sido uno de los sueños de mi vida, una de las mejores noches, de las que me marcarán para siempre, y no quepo en mi de gozo, saber que he podido contribuir de una modesta forma a hacer realidad tan increíble proyecto.

Gracias infinitas.

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