El Misterio de las Catedrales, de Fulcanelli

10 marzo, 2015  por  Redacción     No comments

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misterios_de_las_catedralesUn misterio en toda regla es que un libro lleve publicándose en España de manera ininterrumpida desde hace medio siglo. Pero si, además, la obra es un oscuro tratado de alquimia el enigma se hace ya insondable. Me refiero a El misterio de las catedrales, una obra traducida al español en 1967 que funciona como una matriuska rusa. Una de esas muñecas en las que cada vez que las abres encuentras una nueva. En este caso, un arcano dentro de otro.

El misterio de las catedrales se publicó originariamente en Francia en 1926, en una edición limitada de trescientas copias que se vendieron al astronómico precio de cien francos el ejemplar. Por alguna razón, su autor decidió esconderse tras un pseudónimo –Fulcanelli- y dedicar su obra a un colectivo no menos anónimo a los que llamó los “Hermanos de Heliópolis”.

Tal vez su prudencia tenía que ver con lo que había descubierto en la fachada de Notre Dame de París: todas sus imágenes en piedra debían entenderse como una guía para conseguir la Gran Obra alquímica: la Piedra Filosofal.

Fulcanelli se presentó como un apasionado de los juegos de palabras, por lo que él llamó cábala fonética, y aseguraba que el arte gótico –art goth en francés- era precisamente eso: un argot, una lengua para iniciados, que escondía el tremendo secreto del dominio de la materia.

Es extraño que no se sepa casi nada de la génesis de esta obra. Tan solo que se incubó en los bulevares de París de los años veinte, alrededor de un grupo de pintores bohemios, esoteristas de gran cultura y libreros. Algunos, como el filósofo alsaciano René Schwaller de Lubicz, gran conocedor de Egipto, estaban profundamente interesados por la naciente física de los átomos. Otros, como el pintor Julien Champagne, por la obtención del oro alquímico. Precisamente Champagne pintó las 36 láminas originales del libro. Murió en 1932 sin haber conseguido sus sueños, pero no son pocos los que creen que él fue el redactor de El misterio de las catedrales y de su secuela Las moradas filosofales. Y también que se disfrazó tras un pseudónimo para que la atención del lector se centrara sobre la obra y no sobre su autor.

Posdata: Probablemente este libro sea uno de los más citados por los amantes del esoterismo. Pero, como decía Albert Camus, eso se debe a que los libros escritos con claridad tienen lectores, pero los escritos de forma oscura, sólo comentaristas.

 

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