El Palacio de Linares (Guía del Madrid mágico)

4 septiembre, 2014  por  Redacción     No comments

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Imagen: Annaïs Pascual

«¡Mamá!, ¡mamá!… ¡Nunca oí decir mamá!», era una de las supuestas psicofonías que se difundieron a bombo y platillo a finales de mayo de 1990. La polémica estaba servida: ¿habitaba un fantasma en el antiguo y medio derruido palacio de los marqueses de Linares? Al poco tiempo una multitud de madrileños, curiosos y ávidos de fuertes emociones, se agolparon a las puertas del magnífico edificio que albergara en su día a los enigmáticos marqueses. La noticia dio la vuelta a la Península y llegó a traspasar nuestras fronteras. ¿Qué estaba ocurriendo en aquel lugar?

Inmediatamente el palacio se convirtió en un circo por el que pasaron pretendidos videntes e investigadores de lo paranormal de dudosa reputación. Todos anhelaban aclarar el misterio para cobrar así fama nacional. Sin embargo, ante tanto revuelo, el supuesto fantasma de Raimundita se negaba a hacer acto de presencia.

Todo saltó a la palestra a causa de unas supuestas psicofonías que se habían obtenido en el interior de este recinto. Voces desgarradoras empezaron a ser difundidas en todos los medios de comunicación:

«Yo también estoy aquí, como tú.»citaclara
«Mi hija descansa.»
«Mi hija Raimunda, nunca oí decir mamá.»
«Perdón.»
«¡Asesinos, asesinos!»
«Estamos aquí para la eternidad.»

Para las personas acostumbradas a escuchar este tipo de registros, las voces resonaban demasiado claras y precisas. Algo no encajaba…

Rápidamente comenzaron a aparecer leyendas de un morbo cada vez más acusado relacionadas con la vida de los marqueses. Algunos «expertos» querían explicar las fantasmagóricas psicofonías obtenidas al hilo de la historia oculta y olvidada de los marqueses.

LA LEYENDA OCULTA DE LOS MARQUESES

Según lo que se especuló aquellos días, don Mateo Murga Michelena, más conocido como el Indiano por amasar gran fortuna en América, tuvo un hijo con doña Margarita Reolid Gómez, al que llamaron José de Murga y Reolid. Éste fue educado en un ambiente liberal y se le aconsejó que cuando se casara lo hiciera por amor, sin importar la condición económica de su futura esposa.

Al crecer, José se enamoró de una joven de condición humilde. Ya que sus progenitores parecían muy abiertos, se decidió a comunicárselo a su padre, que para su sorpresa se opuso radicalmente a la relación y envió a José a Inglaterra de inmediato.

Según prosigue la leyenda, no había llegado el joven a aquel país extranjero cuando fue informado de la repentina muerte de su padre. Poco después, sin el consentimiento paterno, contrajo matrimonio con la joven que tanto le había encandilado, que no era otra que Raimunda de Osorio y Ortega. Sin embargo, ordenando los papeles de su difunto padre halló una carta dirigida a él (que el marqués nunca llegó a enviar), en la que le explicaba por qué se oponía a esa relación. Y es que su amada —con la que acababa de casarse— era en realidad su hermanastra, fruto de las relaciones del marqués con una cigarrera de Madrid.

Cuando el matrimonio tuvo conocimiento de este hecho, quedaron abatidos y se dirigieron al papa León XIII, que les concedió una bula denominada Casti Convivere, que autorizaba a los jóvenes esposos a vivir bajo el mismo techo, pero en castidad. Como los infortunados marqueses no habían tenido descendencia, decidieron prohijar a una niña a la que llamaron Raimundita y que se apellidaba Avecilla y Aguado.

citaclara2bEn 1873, el rey Amadeo I de Saboya concedía al matrimonio por Real Despacho los títulos de primeros marqueses de Linares y vizcondes de Llanteno. Ese mismo año, el marqués mandaba construir un palacio en la madrileña calle de Alcalá, a la altura del número 55, donde se trasladaron a vivir los tres una vez acabado.

Sin embargo, ésta es sólo la leyenda, porque la realidad es muy distinta. Cuando en la hoy desaparecida APCM (Asociación Parapsicológica de la Comunidad de Madrid) decidimos llevar a cabo una investigación sobre el olvidado palacio, lo primero que quisimos desentrañar fue qué había de cierto en la leyenda y sus variantes, a cuál más estrambótica. Así pues, nos pusimos en contacto con el Centro de Estudios Parafísicos Hynek de Jaén, que ante todo lo publicado habían elaborado un interesante trabajo titulado La leyenda al descubierto que recogía con datos fidedignos la vida de los marqueses y sus familiares.

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En este trabajo se desmontaba la leyenda punto por punto. Por ejemplo, se exponía que doña Raimunda de Osorio no pudo ser hermanastra del marqués por sus apellidos y su probado linaje (no era hija de una cigarrera). Lo que sí parece claro es que en la época en que vivió don Mateo Murga Michelena se especuló acerca de sus amoríos con una estanquera de Madrid. Fruto de esa relación nació una niña que en modo alguno podía ser Raimunda de Osorio.

También queda explicado que tras la muerte de don Mateo el 10 de junio de 1858, don José y doña Raimunda contrajeron matrimonio. Después de quince años de convivencia sin tener descendencia decidieron prohijar a una niña de nombre Raimunda Avecilla Aguado. Sería entonces cuando don José mandó construir el famoso palacio.

Raimundita era visitada por otra niña cuatro o cinco años más pequeña y ambas eran conocidas como las «señoritas de Avecilla», pero ninguna era hija natural de don José.

En cuanto a la bula papal que se cuenta en la leyenda que recibieron de León XIII los marqueses, se trata de otra invención, entre otras cosas porque las bulas no se concedían por escrito, sino vivae vocis oraculo, es decir, de viva voz.

Sin embargo, la pregunta seguía estando en el aire porque, independientemente de la leyenda, ¿estaba embrujado aquel gigantesco y destartalado lugar? ¿Había algo de cierto en lo que contaban algunas personas que habían tenido acceso al recinto? Lo ignorábamos. Sin embargo, para poder sacar conclusiones había que adentrarse en el «recinto encantado», como fue bautizado por la prensa.

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Fragmento de ‘Guía del Madrid mágico’ de Clara Tahoces
© 2014 Libros Cúpula (Grupo Planeta)

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