Expediente X en la Policía Vasca

16 Noviembre, 2014  por  Redacción     No comments

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polaroid_enriqueENRIQUE ECHAZARRA | A principios de los años 90, y a través de una amistad recién incorporada a la Policía de la Ertzaintza, llegaron a mis oídos algunas insólitas situaciones vividas por patrullas de este Cuerpo en la provincia de Alava. Acceder a estos supuestos testimonios no era tarea fácil y a pesar de ir confirmando datos concretos, con el paso del tiempo llegué a considerarlos como rumores o historias sin fundamento. Sin embargo, por lo inquietante de sus argumentos, cuando conocía a alguien relacionado con la Policía Vasca no perdía la ocasión de preguntar.
Tuve que esperar hasta agosto de este año para que una “casualidad” y esa constancia en seguir preguntando por el tema me llevaran hasta un inspector y jefe de patrullas de la Ertzaintza -ya jubilado- que a mediados de los ochenta se enfrentó, junto con su compañero de patrulla, a un hecho incomprensible.
Sus contundentes palabras y los minuciosos detalles propios de su profesión otorgaban al relato una credibilidad como pocas veces había oído en estas más de dos décadas persiguiendo misterios. La desconcertante sensación de que mis criterios basados en un sano escepticismo, dudando o cuestionando las cosas, se habían topado con un suceso inexplicable, la tuve desde el primer momento en que a grandes rasgos me contó su caso por teléfono; percepción que de manera más rotunda se confirmó en nuestro primer encuentro.

 

 

polaroid_javiJAVIER PÉREZ CAMPOS | Esta aventura comenzó hace apenas dos semanas. Esa fría noche, con las primeras lluvias del otoño bañando la ciudad silenciosa, me encontraba preparando la mochila para una nueva aventura en el norte de España.
Coloqué la ropa y sobre ella dispuse una capa de libros y apuntes con minuciosidad.
Entonces mi ordenador emitió un breve sonido: el indicativo de un correo electrónico. Por inercia encendí el monitor, y accedí a mi cuenta.
El remitente era mi amigo Enrique Echazarra, un investigador entusiasta capaz de perseguir un caso con ahínco durante décadas. Automáticamente miré el reloj de la pantalla. Las 23:02.
Intuí que el contenido de aquel mensaje iba a ser importante; no me equivoqué, porque aquellas líneas me dejaron pegado a la silla.
Y es que, tras años en busca de un testimonio sorprendente, Enrique había localizado a un ertzaina que a mediados de los años 80 vivió una impactante experiencia: durante una patrulla nocturna junto a un compañero recibieron un extraño aviso. Al parecer, una pareja había estado a punto de atropellar a un fantasma en un solitario túnel del puerto de Aiurdín. Y cuando se personaron allí, ocurrió lo imposible…
Automáticamente respondí a Iker y a Enrique; había que acudir a la zona cuanto antes y entrevistar a ese hombre.
Así que, tras un intercambio de correos donde nos mostramos cada vez más impresionados y expectantes, decidí aprovechar mi viaje al norte para poner también rumbo a Vitoria.
Aquella noche la intuición palpitó dentro de cada uno de nosotros. Y aún así, no alcanzamos a imaginar la fuerza con que José Miguel Ahedo, durante años inspector de la Ertzaintza, nos relataría su vivencia días más tarde.
Una vez más nos enfrentamos a las miradas de incertidumbre de quien es incapaz de explicar lo que le ocurrió, porque no existen palabras capaces de definir algo que va más allá de lo puramente racional.
Un detalle que me impresionó: en el interior del coche patrulla, mientras se encontraban frente a algo que, intuían, no era de este mundo, Ahedo llegó a pellizcarse el brazo, creyendo que aquella realidad que se había desplegado ante ellos de manera inesperada, no podía ser más que un mal sueño.
Pero no lo era.
Y es que a veces, cuando uno menos lo espera, surge el golpetazo de la realidad daimónica. Como una lección instantánea pero duradera. Como una señal capaz de derribarle a uno su firme torre de creencias construida durante años a base de racionalidad, prejuicios y tabúes; en definitiva, la fría mentalidad sutilmente cincelada durante siglos.
Estoy convencido de que, si usted también se ha construido un confortable muro de lo convencional, el testimonio que viene a continuación le ayudará a resquebrajarlo…

 

 

polaroid_ikerIKER JIMÉNEZ | Es muy difícil que alguien que ha vivido un encuentro en tercera fase venga y lo cuente, y menos siendo miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
En este caso es un miembro de la Ertzaintza con más de 30 años de experiencia. Imagináos, a nivel de tensión y de miedo, a personas acostumbradas a “convivir” con el terrorismo. Y sin embargo, lo que recordarán como una pesadilla, lo que se quedará para siempre en su mente, es esto. Un encuentro que llevaba 30 años bajo secreto.
He recordado muchas historias últimamente. Conocer esta historia, que yo pensaba que era una leyenda urbana, me ha vuelto a retrotraer a los visitantes. A Ellos. ¿Quiénes son? ¿Por qué se aparecen? Da la impresión de que siempre han estado ahí.
Yo no sé cuál fue el origen de lo que vieron , pero sí sé que eran Ellos. Los que moran al otro lado. Los mismos que nos sobrecogen y que, en ocasiones, hacen que cambie nuestra vida.

 

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GALERÍA DE IMÁGENES (Fotografías de Annaïs Pascual)

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