Felipe el Hermoso: ¿el asesinato más desconocido de la historia de España?

19 febrero, 2016  por  Redacción     No comments

LOURDES GÓMEZ MARTÍN | Este viernes se estrena la película La Corona Partida, un largometraje que se centra en los vaivenes de los reinos hispanos a la muerte de Isabel la Católica. Tras el deceso de la reina, Felipe el Hermoso y Fernando el Católico se disputaron la corona dejando de lado a la legítima heredera, Juana I de Castilla.

El film vuelve a poner de actualidad una de las épocas más recordadas de la historia de España, recreada en multitud de series de televisión, películas y libros pero aún con muchos aspectos desconocidos. Precisamente esto último es lo que se desprende del libro Felipe el Hermoso, anatomía de un crimen, de la editorial Oberón. Sus autores, David Botello y May Rodríguez Albedea se enfrentan en esta obra a una interpretación de este periodo desde un punto de vista poco explorado. A través de un lenguaje cercano y ameno han compuesto un libro de carácter divulgativo en el que plantean interpretaciones nuevas a hechos muy conocidos, pero que podrían no haber sido como nos han contado.

Felipe el Hermoso, ¿un rey asesinado?

Este es el asunto que da título a la obra. Según nos explica May Rodríguez Albendea, la investigación surge porque, estudiando la España de este periodo, se da cuenta de que la historia suele pasar de puntillas por Felipe el Hermoso, estableciendo una línea de continuidad entre Isabel la Católica y Carlos V, “pero entre medias hay veinte años en los que no solo está Felipe, también el cardenal Cisneros, Fernando el Católico, etc. Y entonces me encontré con una crónica muy vieja, del siglo XVII”. En ese documento May Rodríguez Albendea asegura que, leyendo entre líneas, se dio cuenta de que Felipe el Hermoso había sido asesinado y, además, “por alguien que nadie había señalado hasta ahora”.

Durante su gobierno en Castilla, Felipe “expropia castillos, cargos, mercedes y prebendas para repartirlos entre sus amigos flamencos”, se expone en el libro. Hay muchos nobles castellanos que han apoyado a Felipe frente a Fernando y se sienten, aseguran estos estudiosos, traicionados y engañados.

Felipe el Hermoso, Juan de Flandes

Felipe el Hermoso, Juan de Flandes

Los autores se interrogan por un viaje que, por entonces, hacen los reyes a Burgos, donde Felipe no tenía apoyos. No encuentran sentido a que salga de Valladolid, donde se encontraba protegido por el marqués de Villena. Es posible, dicen, que Felipe quiera hacer la tradicional “alegre entrada” en las ciudades, como hizo con Juana en Flandes, pero Burgos para él, señalan, es territorio hostil.

Se prepara una fiesta en la ciudad y “(…) en el alcázar de Burgos se está cocinando a fuego lento la muerte de un rey”, en palabras de Botello y Rodríguez Albendea. Esa noche el cardenal Cisneros la pasará con Juana. “Él se quedará con ella, rezando toda la noche, hasta que vuelva Felipe. O como dice el cronista, la reina no quiere ir al baile “a causa de ciertas sospechas que tenía”. Sorprende que el cronista no explique cuáles son esas sospechas”, plantean en el libro.

Aquella noche, después de participar en un juego de pelota de moda en la corte francesa, “Felipe está sediento y sudoroso. Quiere agua. Bien fría. Sin saberlo, está forjando una leyenda. (…) Felipe se la bebe de un trago. Según los testigos, bebe “sin tasa”, escriben los autores. Y ahí comienza el fin del efímero rey de Castilla. Según la leyenda popular fue el vaso de agua, para otros, como David Botello y May Rodríguez Albendea, fue un veneno. Lo cierto es que al día siguiente Felipe se encuentra muy mal y horas después no puede ni levantarse. El rey muere el 25 de septiembre de 1506.

“Encontré un filón increíble en crónicas que mandó escribir Carlos de la vida de su padre; ahí encontré un montón de nombres y de la evolución de los personajes”, señala May Rodríguez Albendea. En el libro aseguran que “en Alemania siempre lo han tenido clarísimo. Poco después de la muerte, cuando los flamencos empiezan a volvera su tierra, circula una canción que se podría traducir tal que así: “Apareció una llaga fea en el cuello del soberano. / Nobles y doctores dijeron que estaba envenenado”. Además, los investigadores analizan uno a uno a los posibles sospechos del crimen, y se decantan, de hecho, por uno en concreto que el lector puede descubrir en esta obra.

citafhLos autores piensan que su trabajo puede ser una buena excusa para abrir la Capilla Real de Granada y estudiar el cuerpo embalsamado de Felipe el Hermoso para determinar las causas de su fallecimiento. Pero van más allá. “Queremos que se abra un debate honesto y sin justificaciones. Es decir, que miremos nuestra historia sin pudor, sin miedo, sin resentimientos. No le tenemos ningún miedo al debate, a ver la historia de una manera más aséptica, sin tanta pasionalidad, a nosotros nos parece muy productivo y muy provechoso, el empezar a mirar nuestro pasado sin traumatismos”.

Recuerdan, además, que su trabajo no es un ensayo histórico. “Es un libro de divulgación que detrás tiene muchísima documentación, muchísimas horas en la biblioteca con escritos, con líneas de investigación de otros autores. Nosotros no hemos descubierto América ni hemos inventado la rueda. Lo único que hemos hecho es una lectura de todas las líneas de investigación de otros historiadores mucho más serios y respetados y les hemos dado una revisión interpretativa”.

Felipe el Hermoso y su ambición sin límites

Felipe el Hermoso suele pasar de puntillas por nuestra historia. Tratado más bien como un personaje secundario, el yerno de los Reyes Católicos es un gran desconocido, y lo poco que sabemos de él no es cierto, según los autores de este libro.

Felipe el Hermoso, Philipp der Schöne

Felipe el Hermoso, Philipp der Schöne

Hijo del emperador Maximiliano y de María de Borgoña, con tan solo cuatro años, tras la muerte de su madre, es nombrado duque de Borgoña y conde de Flandes, entre otros muchos títulos. Con su padre viajando de batalla en batalla, Felipe y su hermana quedan desatendidos y su dinero en manos de nobles que, al parecer, no les cuidan como es debido. “En este ambiente hostil, Felipe va forjando un carácter insensible y lleno de rabia y una sed inagotable de venganza. (…). Felipe es un niño mimado, caprichoso, maleducado, respondón, soberbio, iracundo, violento y dado al berrinche. Un niño al que, entre unos y otros, están volviendo loco. Tiene demasiado rencor y una ambición sin límites”, se expone en la obra.

El flechazo ficticio de Juana y Felipe

Si a este carácter de Felipe el Hermoso sumamos que su padre negoció su boda con Juana, hija de los Reyes Católicos, a sus espaldas, quizá se puedan comprender mejor los hechos que nos disponemos a relatar. Y es que hemos asumido como tal que hubo un flechazo tal entre Juana y Felipe que la boda se celebró a toda prisa porque no veían el momento de compartir lecho. Según estos investigadores, nada más lejos de la realidad. “No hay flechazo. Felipe ordena de malas maneras oficiar la boda para demostrar quién mandaba ahí. No hay arrebato de pasión. La boda precipitada es otro insulto calculado por los ministros de Felipe, una forma de demostrar el poco respeto que les merece esta unión y una manera de desafiar a Maximiliano. La boda se celebra en una villa de tercera fila, un lugar de paso, en vez de en Bruselas o en Amberes”, explica May Rodríguez Albendea.

citafh2Al hecho de que Felipe no tomara parte en la decisión de casarse con Juana hay que añadir que por distintos desacuerdos en cuanto a política y relaciones internacionales Maximiliano echó de sus territorios a Busleyden, mano derecha de su hijo. “Cuando su mano derecha se va, le da un perrengue y lo paga con su padre. Dice que se arrepiente de haber firmado las capitulaciones de su boda. Que Juana ya no es asunto suyo, sino de su padre. Que no piensa cumplir con su compromiso. Y se queda en el Tirol, haciendo tiempo. Para tensar la situación. Para sacar de quicio a su padre”, en palabras de los autores.

Así fueron los comienzos de un matrimonio entre una princesa castellana y todo un duque de Borgoña que, curiosamente, no era hermoso. “Felipe no es míster Flandes, que digamos, ni muchísimo menos. Tiene la dentadura tirando a bastante mal. Y una rodilla que se le desencaja con frecuencia y que él mismo se recoloca”, aseguran Botello y Rodríguez Albendea. Entonces, ¿De dónde sale su apodo?

Tenemos que trasladarnos en el tiempo para encontrar su origen. Cuando Castilla se queda sin herederos y Felipe y Juana viajan hasta la península para que este sea jurado heredero de la corona de Castilla, hacen una parada en Francia. Cuando el rey Luis XII ve a Felipe “dicen que dice: “Qué príncipe más hermoso para un reino”. En realidad, la frasecita va con segundas. Felipe, ya lo estamos viendo, está en camino de ser jurado heredero de la corona de Castilla, y con un poco de suerte, también de Aragón. Así que Luis XII, que es un tipo muy largo, no se refiere a la belleza de Felipe, sino a la situación. El verdadero motivo por el que Luis XII ha invitado a Felipe”, exponen en este trabajo.

Felipe el Hermoso y Juana la Loca . Maestro de Affligem. Museo de bllas artes. Belgica

Felipe el Hermoso y Juana la Loca . Maestro de Affligem. Museo de bllas artes. Belgica

Castilla, cuna de mujeres con personalidad política

Juana, Princesa de Castilla, procedía de un reino en el que las mujeres tenían presencia política. La mayor prueba es su propia madre, la reina Isabel. May Rodríguez Albendea asegura que “en el reino de Castilla del siglo XV no era tan poco habitual el que una mujer no solo tuviese poder sino también carácter político. Era el único reino en toda la Europa conocida, incluyendo Portugal, en el que las mujeres tenían mucho poder y eran reconocidas como herederas, como reinas, cuando en el resto del derecho europeo esa posibilidad está totalmente cerrada. Hasta que llegan los Austrias e imponen sobre Castilla el derecho flamenco, que anula totalmente el derecho de la mujer, un retroceso impresionante”.

Juana, aseguran, fue educada para tener opinión, para tomar decisiones, para gobernar, lo que choca de lleno con el carácter de su marido. “Felipe se siente fatal al lado de su esposa. Se da cuenta de que Juana le da mil vueltas en sensatez, en criterio y en inteligencia. Ella es mejor que él en casi todo. Ahora lo llamamos complejo de inferioridad. En Flandes se llama resentimiento” según los autores. Así, a menudo Juana es encerrada en sus aposentos, explican, sin posiblidad de salir al exterior. Se había convertido en un problema, en algo peligroso y “alguien se acuerda, de pronto, de que una abuela suya estaba loca.

Juana I de Castilla, por Juan de Flandes

Juana I de Castilla, por Juan de Flandes

Y que su madre también es muy celosa”, se puede leer en el libro. Son algunos de los argumentos que utilizan para presentarla como una loca. Se olvidan, dice Rodríguez Albendea, de que Felipe “le levanta la mano, que la viola cuando quiere, que Juana no se cansa de gritar para que la dejen salir. Lo que cuentan es que Juana está locamente enamorada, que es una loba insaciable, que se pasa las noches enteras golpeando las paredes y llamando a su marido, que ha perdido definitivamente el juicio y que, por eso, Felipe no tiene más remedio que encerrarla”.

Juana sí que gobernó

Aunque solemos pensar que Juana estuvo apartada del poder durante toda su vida, parece ser que sí que gobernó Castilla durante un tiempo. May Rodríguez Albendea ha podido estudiar unas ordenanzas reales de Castilla que mandó redactar Juana. Explica que “es Juana, a título personal, la que dice que hay muchos fueros; que durante estos años ha habido mucha confusión; y que el derecho se está aplicando de manera muy diversa. Por eso hay que hacer un reordenamiento de las ordenanzas. Junta en Valladolid y en Salamanca a un montón de eruditos para que lo hagan. Y de ahí sale, básicamente, un código penal, donde se habla de herencias, de matrimonios, de defunciones, de mil cosas que afectan a la vida diaria y de cómo se tienen que aplicar de manera legal. Todo eso lo ordena Juana en 1511. Es decir, en plena regencia de su padre, gobernó” y además, añade, era muy querida por el pueblo.

El polémico cortejo fúnebre de Felipe el Hermoso

El Romanticismo del siglo XIX nos ha legado, según los autores, una visión errónea del cortejo fúnebre de Felipe el Hermoso. La historia de que Juana estuvo un año vagando con el cadáver de su esposo, llorando, abriendo el féretro y demás, no se corresponde, dicen, con la realidad. May Rodríguez Albendea explica que “cuando salen de Burgos, el gran problema que tiene Juana es que hay cerca de dos mil mercenarios extranjeros que trajo su marido que querían cobrar y ella no estaba dispuesta a pagarles. Castilla no estaba dispuesta a pagarles, con lo cual cabía la posibilidad de que intentasen secuestrar y saquear el cadáver de Felipe. Es por eso por lo que el cadáver acaba en la Cartuja de Miraflores, que está fuera de la ciudad. Intentan alejar el cadáver para proteger el botín de guerra que podía suponer”.

Portada del libroDespués, cuando empiezan el viaje hacia Granada, “Juana ordena abrir el féretro porque los monjes de la Cartuja querían darle preponderancia y fama a su monasterio, a su Cartuja, como la tumba de un rey, y por eso Juana ordena abrir el ataúd, para ver que, efectivamente, dentro están los restos embalsamados de su marido. Y además no derrama ni una sola lágrima. Lo hace ante testigos, y todos, según las crónicas, dicen que Juana no dice nada”, continúa el autor.

A las pocas semanas de comenzar el viaje, la comitiva atraviesa una zona muy afectada por una epidemia de peste. Se ven obligados a dar un rodeo y a evitar las grandes poblaciones. Los autores de este trabajo aseguran que no hay que olvidar que viajaba Juana, que además estaba embarazada. “De hecho se tienen que parar meses en un pueblo, hasta que la epidemia remite. Están rodeados de peste por todos sitios. Y cuando es oportuno volver a empezar el viaje, Juana vuelve a abrir el ataúd para ver que, efectivamente, sus restos estaban allí. Esas son las dos únicas veces que abre el ataúd, y siempre es a la hora de reanudar el viaje y para tener la seguridad y la certeza de que se lleva los restos de Felipe”, comenta Rodríguez Albendea.

Las relatadas no son las únicas hipótesis revolucionarias que plantea el libro, que también expone “las muertes oportunas que rodean la vida de Isabel la Católica”, y hasta se preguntan si la madre de Juana no podía ser, en realidad, hija de Don Álvaro de Luna en vez de del rey Juan II. Pero lo cierto es que aunque el título del libro hace referencia a Felipe el Hermoso, la verdadera protagonista de la obra es Juana. A May Rodríguez Albendea le gustaría que dejase de ser apodada “la Loca” y que fuera recordada como Juana “la Trágica”. “Juana ya se merece que se limpie su nombre. La dignidad real que demuestra, la prudencia política… No estaba loca, es más, fue brillante”, expone, reconociendo que su libro es un homenaje a este personaje fundamental de nuestra historia. A la última reina Trastámara de España.

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