Halloween: La muerte de una leyenda

31 Octubre, 2015  por  Redacción     No comments

JAVIER PÉREZ CAMPOS | Hace escasas semanas tuve la suerte de dedicar varios días a recorrer Galicia de norte a sur en busca de una vieja tradición que me ha fascinado desde niño: la Santa Compaña. La aparición fugaz de unas luces en el horizonte que iban acercándose a la aldea en medio de la madrugada era solo el preludio de una visión que llegó a aterrorizar a poblaciones enteras a lo largo del siglo XIX. El periodista gallego Claudio Cuveiro se hizo eco de esta ola de pánico en el Almanaque Gallego de 1866. El artículo, titulado La Compaña (Preocupaciones del país), explicaba:

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Comencé esta investigación por las alarmantes declaraciones que, durante una entrevista, me hizo el director de cine Fernando Cortizo (El Apóstol, 2012). Durante la fase de documentación para su película de animación intentó entrevistar a diferentes testigos que aseguraban haberse encontrado con la procesión de difuntos: “Acudí sobre todo a las aldeas del interior de Lugo, donde hay poblaciones ya casi abandonadas en las que viven uno o dos habitantes. Y encontré a mucha gente que la vio. Esos avistamientos, además, coincidían con la muerte de algún familiar, como si fuera un aviso. Después hice otro experimento: preguntar en los colegios por esta leyenda. Mi sorpresa fue que los niños ya no sabían qué era la Santa Compaña… Ni siquiera les suena… La leyenda ha muerto” – sentenció Cortizo en el interior de su estudio.

El miedo a la Santa Compaña fue tal que algunos pueblos quedaban vacíos al caer la noche | Imagen © Annaïs Pascual

El miedo a la Santa Compaña fue tal que algunos pueblos quedaban vacíos al caer la noche | Imagen © Annaïs Pascual

Aquella última frase fue como un golpazo directo al alma. La eterna historia de las ánimas que regresan del Purgatorio para atormentar a los vivos o anunciar una muerte estaba desapareciendo. ¿La causa? La imposición de la cultura americana: la celebración de Halloween estaba desplazando nuestra propia tradición. Una fiesta ancestral que pretendía acercarnos al reino de la muerte ha sido invadida por otra festividad basada en el consumo. Como parte de la gran conspiración del siglo XXI que pretende desplazar lo trascendente para convertirnos en seres absolutamente materialistas. Hemos enterrado a la muerte. Nos espanta el shakesperiano soliloquio de Hamlet preguntando a la calavera: “¿Ser o no ser?”, y hemos transformado la gran pregunta de nuestra época en: “¿Tener o no tener?”.

Por eso acercarme de nuevo a Galicia y recorrer sus viejos poblados agrícolas me sirvió para reconectar con una cultura fascinante y, por desgracia, en peligro de extinción. Pude visitar los petos de ánimas, a las que algunos vecinos aún rinden tributo encendiendo velas para guiarlas o mediante ofrendas que se colocan todavía en orificios perfectamente preparados para esta función. Pude tocar los cruceiros que servían de protección al pobre infeliz que se topara con la procesión de muertos. En el de Castiñeiras, según algunos cronistas, llegaban a darse cita hasta siete Compañas de siete parroquias distintas que embarcaban desde allí en busca de enfermos a los que llevarse al Otro Lado.

Peto de Ánimas en Cangas de Morrazo (Pontevedra) | Imagen © Javier Pérez Campos

Peto de Ánimas en Cangas de Morrazo (Pontevedra) | Imagen © Javier Pérez Campos

Gerardo Dasairas es uno de esos investigadores preocupados por perpetuar nuestra enorme riqueza intangible: la tradición oral. Cada una de sus palabras, siempre escogida a conciencia, es fruto de años de apasionada y entusiasta dedicación. Nos citamos en un bar de Cangas de Morrazo durante mi segundo día de viaje. Quiero saber su opinión sobre la muerte de nuestro patrimonio mítico. “Algunos defendemos que la luz empezó a matar a la Santa Compaña. Curiosamente los pueblos del interior de Lugo, donde más tardó en llegar el tendido eléctrico, son los lugares donde han perpetuado durante más tiempo este tipo de apariciones. También tiene que ver con que hemos edificado cada rincón; hemos acabado con los bosques y caminos que eran territorio de la Compaña. Y finalmente no podemos obviar que hemos sido invadidos por la cultura americana. ¡Con el respeto que había aquí a los muertos, disfrazarse como uno de ellos habría sido considerado de muy mal gusto!” – me explica a lo largo de una interesantísima conversación que se extiende a lo largo de más de una hora.

Dasairas me relata con pasión algunas de sus teorías sobre las distintas tradiciones gallegas; me habla del miedo que le producían las historias de ánimas narradas especialmente durante los velatorios alrededor de un fuego y de otras comitivas que impresionaban a niños y adultos por igual… “Las procesiones de viático eran algo típico de esta región y lo cierto es que si la veías en medio de la noche era fácil confundirla con la Compaña. Era un cortejo que, presidido por un cura y seguido por gente del pueblo, acudían a dar la extremaunción a un enfermo a punto de perecer. Curiosamente, al igual que ocurre con las visiones de la Santa Compaña, existe esa relación de la procesión con la muerte”.

Antes de marcharme, Gerardo me ofrece un último y sorprendente apunte: “Eso del Halloween… no es ningún invento americano. Aquí en Galicia ya celebrábamos la fiesta del Magosto, que comenzaba precisamente a finales de octubre. Una palabra que puede venir de “Magum Ustum”, el fuego mágico, por la luz de las lamparillas que servían para guiar a las ánimas. ¿Y te crees que eso de “Truco o trato” es una invención americana? ¡Pues no! Aquí en Galicia, cuando empezaba el Magosto, los niños iban llamando a las puertas y pidiendo por las casas. Los adultos les daban castañas y otros frutos de otoño”. El cronista sonríe al percatarse del asombro que han generado en mí sus palabras. Y es que eso que nos parece tan moderno y divertido pertenece en realidad a lo más profundo de nuestras raíces…

Procesión de Viatico en Campo Da Torre (Pontevedra, 1898)

Procesión de Viatico en Campo Da Torre (Pontevedra, 1898)

Tras despedirnos, continué mi ruta hacia el sur, hasta llegar casi a la frontera con Portugal. Ese es el lugar marcado por el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana como uno de los puntos donde más apariciones de la Compaña se habían producido. Durante sus propias investigaciones al pie del terreno allá por los años 80, Tolosana llegó a pisar algunas aldeas al día siguiente de producirse los avistamientos. Yo mismo pude hablar con Carmelo, que aún recordaba haber recopilado más de 200 casos que fue distribuyendo con chinchetas a lo largo de un enorme mapa de Galicia que tenía colgado en su despacho. Eso le permitió obtener interesantísimas conclusiones sobre el fenómeno que acabó volcando en su estudio: Antropología cultural de Galicia IV.

Durante varios días continué recorriendo aquella tierra mágica, localizando a algunas personas que me hablaron del terror a la comitiva espectral, de pueblos vacíos al caer la noche y de visiones que parecían el vaticinio de una tragedia cercana. Os contaré de todos ellos en mi próximo reportaje de Cuarto Milenio, donde podréis ver a personas normales que, con rostro descubierto, cuentan cómo un día su vida cambió para siempre tras un encuentro aparentemente sobrenatural…

Si las expectativas son tan negativas como nos advierten, estamos asistiendo a la muerte de una leyenda que nos conecta con lo más trascendente de nuestra cultura. Nuestra labor, hoy más obligatoria que nunca, como espectadores del lento agonizar de nuestro realismo mágico, es dejar fiel testimonio de ello. A no ser que en una noche como esta la Santa Compaña vuelva a dejarse ver…

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