La habitación fría

4 diciembre, 2015  por  Redacción     No comments

CLARA TAHOCES | El protagonista de esta historia es Fernando Silva Hildebrandt, comunicador, director del espacio radiofónico La Señal: Ciencia y Misterios, y colaborador de notas como la que hoy les ofrecemos.

Quién sabe qué nos lleva a interesarnos por el misterio… En el caso de Fernando, su inquietud nació tras un primer encuentro con lo insólito; una experiencia familiar que él vivió muy de cerca.

En 1987, cuando Fernando apenas tenía ocho años, sus padres decidieron mudarse a otra ciudad. Por aquel entonces residían en Mar del Plata, una localidad de la costa de Buenos Aires. Desde allí se trasladaron a Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa argentina. Para ello alquilaron una vivienda ubicada en la calle Córdoba.

Pero, al poco tiempo de habitar la nueva vivienda, algo comenzó a suceder por las noches.

“Durante la noche siempre se escuchaban muebles arrastrándose: sillas, mesas… Eran una serie de ruidos extraños que incluso impulsaron a mi madre, en un momento dado, a comunicarse con las vecinas de la casa de al lado para preguntarles si ellas, en plena madrugada, se ponían a limpiar o a mover muebles, por si podía tratarse de los ruidos que escuchábamos”.

Entre los recuerdos de niñez de Fernando está precisamente el de acudir a las vecinas de la casa de al lado para preguntarles si eran ellas las causantes de aquellos sonidos que se producían en mitad de la noche. Pero la sorpresa con la que se encontraron es que sus vecinas tenían ya cierta edad: una tenía más de setenta años y la otra más de noventa.

Ambas negaron tal extremo. Y de manera jocosa dijeron que si no eran capaces de mover los muebles de día, mucho menos lo hacían por las noches.

Además, en la vivienda existía una estancia muy particular que terminaron por bautizar con un nombre: la habitación fría.habf1

La casa era un tamaño intermedio. Había sido construida en la década de 1960, tenía los techos altos y disponía de tres habitaciones, un baño, una cocina y un comedor. Una de las estancias, que ellos utilizaban como desván, por lo general estaba cerrada con llave. Allí guardaban algunos enseres y cajas con las pertenencias menos utilizadas.

La madre de Fernando ordenaba esa habitación, clausuraba la puerta con llave y cuando, días después, volvía a entrar se encontraba con que todo estaba desordenado. Los objetos habían sido sacados de las cajas y los enseres no estaban colocados como ella los había dejado. Esto sucedía con mucha frecuencia. Fernando era apenas un niño y su hermana era aún más pequeña que él. Si nadie de la familia había sido y la habitación estaba bajo llave… ¿qué estaba pasando en aquel lugar de la casa?

Además, esa habitación siempre se hallaba a menor temperatura que las otras. Daba igual que fuera invierno o verano. Allí hacía un frío fuera de lo común.

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Sin embargo, la experiencia más inquietante tuvo como protagonista al padre de Fernando…

“Una noche mi padre tenía insomnio, le costaba conciliar el sueño. Mientras estaba acostado en la cama mirando hacia la puerta de la habitación, vio pasar una figura por el pasillo en dirección a la habitación fría. Era una chica vestida con un camisón blanco. Sorprendido por lo ocurrido, decidió prestar atención hasta que la figura volvió a la puerta de la habitación, desde donde se quedó mirándolo”.

Ese encuentro visual duró apenas unos instantes; los suficientes como para que el padre de Fernando pudiera contemplarla con detalle y tomar nota de sus facciones. Era una chica de unos veinte años, morena, con el pelo largo y lacio.

A continuación, aquella figura dejó de prestarle atención y encaminó sus pasos hacia la habitación fría.

habf2Aquel encuentro dejó consternado al padre de Fernando. Tanto es así, que al día siguiente comenzó a indagar sobre el pasado de la vivienda que ocupaban. Con delicadeza, sin desvelar sus motivos, habló con los vecinos y preguntó quién o quiénes habían vivido allí antes que ellos.

De este modo pudo averiguar que con anterioridad aquella casa había sido ocupada por un matrimonio de médicos y su única hija: Laura.

Laura empezó a mostrar síntomas de una incipiente enfermedad mental, que con el tiempo fue a más. Tuvieron que ingresarla en un hospital. Aquel acontecimiento terminó desencadenando la separación de los padres y la vivienda quedó vacía.

Cuando tuvo conocimiento de todo aquello, el padre de Fernando quiso cerciorarse de cómo era el físico de la joven.

“Describió a los vecinos los rasgos de esta muchacha, y ellos le confirmaron que se trataba de Laura, la hija de los médicos. La joven aún vive, y sigue internada en el pabellón psiquiátrico del hospital local”.

La familia de Fernando decidió abandonar la vivienda poco después porque los fenómenos extraños, lejos de apaciguarse, fueron a más. Y él sabe que esa chica vive porque cuando se hizo mayor, empezó a indagar sobre su caso y trató de hablar con ella. Fue entonces cuando le dijeron que la muchacha, hoy ya una mujer, se hallaba en estado catatónico, vivía fuera de la realidad y era imposible mantener una conversación coherente con ella.

Tal vez en sus ausencias, ¿viajaba mentalmente, como una proyección, hasta la casa donde creció? ¿Quedó aquel lugar impregnado por las emociones dolorosas allí experimentadas? ¿O hablamos acaso de un fenómeno de bilocación?

En cualquier caso, fueron estas vivencias las que lograron despertar el gusanillo del misterio en Fernando. Él vivió estos sucesos con miedo. En medio de la oscuridad, cuando se escuchaban esos sonidos en la que era su casa, se tapaba con la manta hasta la nariz, sabiendo que algo extraño, para lo que ninguno de los presentes tenía explicación, estaba sucediendo en la habitación fría.

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