Otro punto de vista

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Texto: José Alberto Gómez

 

No conocía bien la historia del que sería mi primer reportaje para esta décima temporada de Cuarto Milenio; sentado a mi lado en el tren estaba Javier Pérez Campos, quien me explicaba la intriga del fenómeno de las caras de Bélmez. A la vez que avanzábamos en nuestro viaje, mi interés y curiosidad por el polémico caso aumentaba progresivamente. Cuando llegamos al Santuario de la Cabeza en Jaén ya estaba totalmente convencido de que el viaje sería muy especial.

Soy cámara de televisión y trabajo en el equipo de Cuarto Milenio desde hace años. Me embarqué en la Nave del Misterio en su segunda temporada y en todo este tiempo he escuchado muchas historias y sucesos extraordinarios. Mi punto de vista sobre la parapsicología siempre ha partido desde el escepticismo, pero hay casos en los que lo inexplicable puede transformar la opinión de uno mismo. Las caras de Bélmez ocupan, sin duda alguna, una posición privilegiada entre los sucesos más raros que conozco. Con la narración de mi experiencia en Bélmez intentaré transmitir mi interés y fascinación por esta enigmática historia.

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La puerta del nº 5 de la calle María Gómez Cámara, en Bélmez de la Moraleda, a través de la cámara (Foto: Annaïs Pascual)

Una vez en Bélmez, mientras organizábamos la grabación con los dueños de la casa, comprobamos que el misterio de las caras seguía vivo. Era domingo y los turistas se acercaban curiosos hasta allí. Miré de reojo y esperé mi turno para entrar y ver por primera vez las extrañas representaciones. Llegó el momento en el que Miguel y Diego me enseñaron las caras con mucha determinación y con un palo largo me indicaron la posición de cada una de ellas. Pensé en lo difícil que resultaría grabar en un espacio tan pequeño y en la poca definición que tenían los rostros ¿cómo se verían por cámara?. La entrada de la casa estaba llena de fotos de investigadores que, en el pasado, habían intentado resolver el misterio. En esos momentos me dio la sensación de que el fenómeno había desaparecido y que los rostros se habían convertido en manchas difusas. Más tarde me daría cuenta de que estaba equivocado.

citaalberto1Me reuní en Úbeda con el equipo de expertos: Iker, Carmen, Javier Pérez Campos, Clara Tahoces y Luis Alamancos. En la comida Iker y Carmen nos explicaron su punto de vista, sus investigaciones al respecto y sus dudas, logrando contagiarnos su cariño y entusiasmo por el caso. Descubrí que para ellos, éste no es solo uno de los grandes enigmas sin resolver de España sino que también forma parte de sus vidas.

Cuando levanté el ojo del visor de la cámara era medianoche y eché un vistazo a mi alrededor: la casa estaba llena de gente del equipo y de familiares de María (la difunta dueña de la vivienda). Unos hablaban con Carmen y otros eran entrevistados por Iker, otros examinaban a través de un microscopio la composición de las piedras, otros hablaban del pasado, de cuando María vivía en la casa y las caras se veían más intensas. Como si de un hormiguero se tratase, todos sabíamos lo que teníamos que hacer y estábamos muy concentrados. La casa estaba llena de preguntas y mirábamos al suelo intentando encontrar alguna explicación, alguna pista.

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“La Pava”, quizá la más famosa de las teleplastias aparecidas en la cocina (Foto: Annaïs Pascual)

Pasada la medianoche, subimos a la habitación de la segunda planta. Iker nos contó que María nunca les permitió ver su cuarto. Por primera vez estábamos reunidos alrededor de la cama de la difunta, y sus hijos, apoyados sobre ella, recordaban a su madre con admiración y cariño. Sentimientos compartidos también por Iker y Carmen, quienes empezaron a hacer preguntas a los hijos y a María -“María, ¿estás ahí?- -“Esto no hace falta grabarlo”- me había dicho Iker antes de iniciar las preguntas. Sin mirar a través de la cámara, sentí que ese momento era algo importante y muy auténtico. Comprendí que estaba participando en un parte muy especial de la historia de esa familia, de la casa, de la historia de Javi, Clara, Iker y Carmen, también de mi propia historia.citaalberto2

MIientras Iker y Carmen continuaban dirigiendo preguntas a María, la alarma del detector de movimientos saltó. Unos minutos antes Javi la había puesto enfrente de la cara de la ‘pava’, en la habitación de abajo, donde no había nadie. Todos los que estábamos arriba nos miramos extrañados. Entonces, decidimos cambiar los detectores para asegurarnos de que no fuera un fallo tecnológico. Para nuestra sorpresa, el aparato sonó de nuevo, varias veces seguidas; nuestras miradas se cruzaban extrañadas ¿Qué estaba pasando?

La humilde y pequeña casa de la calle Real número 5 en Bélmez está repleta de extrañas manchas en el suelo. Cuando las miras con atención y conoces su historia, descubres expresiones que parece que vengan del pasado para contarnos algo. Un episodio borroso y poco definido que renuncia a ser olvidado. “¿Qué quieren decirnos?” dijo Iker a cámara en la madrugada de aquella noche. Ahora nosotros, después de esos días en Bélmez, también tenemos algo que contar, pero es complicado encontrar las palabras.

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