Rompiendo la tensión de pregnancia

8 septiembre, 2014  por  Redacción     No comments

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Texto: Annaïs Pascual

 

Siempre he conocido el misterio de las caras de Bélmez. Pero he de confesar que nunca presté mayor atención al fenómeno. Algún artículo en viejas revistas que guardo desde el año 93, donde por lo que se ve, ya apuntaba maneras… o algún viejo recorte de periódico donde viera alguno de esos rostros que parecen perdidos en el lapso incoherente del tiempo.

Quería ir sin conocimientos previos, así que obvié cualquier información que pudiera contaminar mi mente, y me planté allí, cual folio en blanco, con una batería de objetivos, alimentación, trípodes etc… Desde el punto de vista más escéptico-técnico posible.

Mi sorpresa, cosa de novata, fue mayúscula. La primera en la frente. Resulta que las caras de Bélmez, en contra de la opinión de muchos, incluida la mía, no están en la pared. Son formaciones o (anteriormente) pareidolias, que se crearon en el suelo, en el cemento duro, bajo los pies de una humilde casa de un recóndito y sencillo pueblo de Jaén.

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El suelo de cemento y la puerta de entrada a la mítica cocina de María Gómez Cámara (Foto: Annaïs Pascual)

Quizá fue porque en el enmarañado background de mi memoria venía a mi mente ese rostro. Esa efigie misteriosa y aterradora que, lejos de ofrecerme alivio, me desasosegaba por encima de mis posibilidades. La Pava. Un rostro al que yo solo puedo mirar con recelo y estupor pues -aunque, repito, para la mayoría de los casos, por muy abierta que tenga la mente, mi conciencia cae del lado del racionalismo- me sacaba de mis casillas.

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«La Pava» fue sometida a diversas luces para la prueba microscópica (Foto: Annaïs Pascual)

El tiempo que estuvimos allí mis compañeros y yo, estuve mareada, con una sensación de ahogo bastante pronunciada. Lo achaqué a las curvas del viaje. Paseaba con la cámara a cuestas de la cocina al baño, al pasillo, a la calle. La desazón no desaparecía. Miraba el suelo en busca de caras, pero la mayoría no se dejaban ver a estos ojos poco entrenados. Mi formación me ha moldeado hasta la psique y siempre tiendo a pensar que la tensión de pregnancia (y otras de la teoría de la Gestalt) son las que nos hacen ver, lo que en términos paranormales se llaman “teleplastias”.

citaannais1Dudo que el ambiente estuviese cargado; la puerta estaba abierta, corría un suave aire que paliaba el calor duro que soporta esta latitud en el verano, que comenzaba a prometer ser poco clemente, y se oía romería en las calles cercanas. Pero la cocina tenía una atmósfera densa, invisible pero de las que te invaden, sin saber bien cómo.

Bajé a por refrescos, por si fuera cosa del azúcar, y me senté, en mal lugar, porque he de reconocer que no me gustaba nada encontrarme a menos de un metro de La Pava, pero… el sofá se presentaba mullido y confortable, en comparación con las sencillas sillas que tenía enfrente.

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“El tiempo que estuvimos allí mis compañeros y yo estuve mareada, con una sensación de ahogo bastante pronunciada” (Foto: Annaïs Pascual)

Cerré los ojos para intentar resetear cuando sentí un golpe fuerte en mi rodilla derecha.

Para lo que hayan estado allí o se sitúen en la sala: A mi derecha, no hay nada, solo aire, y a unos pocos centímetros la pared. Y el cristal que tapa la cara sin expresión amistosa…

Me quedé blanca. Pensé que lo mismo fue un reflejo de algún espasmo o estímulo que no había alcanzado a razonar.

Javier, que posee una inteligencia emocional que solo es superada por su empatía, lo notó. Me miró raro, y me preguntó si me sucedía algo. Nada más explicarle mi sensación (por supuesto, 100% subjetiva) empalideció. Y me respondió, para mi inmediato brincar del sofá que, justo en ese lugar, a otra persona que él conocía le había sucedido algo parecido. Un golpe, o un mordisco, en la rodilla derecha. Sin sentido aparente. Sin razón ninguna.

No sabía qué decir.

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Nuestra compañera formó parte del equipo enviado por Cuarto Milenio a Bélmez (Foto: Annaïs Pascual)

Salí a la calle a respirar aire fresco. Dentro, el resto de los compañeros continuaba con la tarea. A los 5 minutos regresé, estuve haciendo fotos en el pasillo, fotografiando cada centímetro, y cuando me disponía a continuar con la toma en la cocina, al encuadrar esa zona concreta, mi cámara me devolvió un error. Me latió rápido el corazón.

No puede ser. ¿Qué tipo de error es éste? Lo único que veía en mi pantalla era algo como:citaannais2

-Err-r-
%$%”(%≠ø!(?=”$!

Volví a la calle.
Ahora me senté en un banco próximo a la puerta de la casa de las caras. Apagué la cámara. Quité las baterías. Cambié la tarjeta, cambié las baterías. Desarmé el grip. Volví para dentro. Seguía sin funcionar.

En una habitación anexa al baño (que me dio un mal rollo increíble) y a la cocina, me cercioré de que las baterías estaban a tope (con el cargador encendido). Entonces, el problema era de mi cámara. Es como si me dicen que me va mal un riñón.

Decidí dejarla unos minutos, como un cuarto de hora. A la vuelta, en esa habitación donde ahora descansaba todo el equipo de cámara, la cámara volvió en sí. Pero había perdido todos y cada uno de los parámetros de configuración manual que le hice cuando la compré. Estaba bastante caliente…. y me asusté. Al toquetearla me di cuenta de que se había reseteado a modo fábrica, sin error aparente, sin que yo tocase nada extraño… y así me quedé, sin palabras. Con el flash tiritando de baterías, y un dolor de cabeza que estaba embotando todos mis sentidos. Alguna energía me desarmó por completo, a mí y a mi equipo. Y eso es algo que ni la más científica y empírica tensión de pregnancia me puede negar.

– Al llegar la noche y volver a la ciudad chequeé en condiciones mi cámara. Todo estaba bien. Desmonté todas las piezas, no había humedad, ni piezas sueltas… no sé que pudo ser. Pero no es un “cacharro” para que se ande estropeando a la primera de cambio, ni de aquella manera tan extraña ni durante ese lapso indeterminado de tiempo. Luego miré inconscientemente a mi rodilla, y vi que tenía un pequeño moratón en el lado derecho de la rótula.

Decidí que era hora de dormir.

 

 

Ley de Pregnancia: Cuando una figura es pregnante, por su forma, tamaño, color – valor, direccionalidad, movimiento, textura, nos referimos al grado en que una figura es percibida con mayor rapidez por el ojo humano. Aquello que capte nuestra atención en primer orden, tendrá mayor pregnancia que el resto de las formas de la composición.
(Wikipedia)

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